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EL RESPETO

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.” Mateo7:12

Estimados Padres:

No en vano nuestro gran Dios dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Hasta nosotros los adultos faltamos una y otra vez en ejercitarnos en dar a Dios la debida honra y respeto que le pertenecen. De manera que, junto a nuestros hijos, estaremos ejercitando y trabajando  en las fuerzas del Espíritu Santo, la gracia del Respeto hasta el mes de noviembre. 

Respeto esreverencia, veneración, consideración, recelo, aprensión ante algo o alguien. Diversos pasajes de la Biblia nos muestran que  para tener respeto es necesario el temor a Dios. Por ejemplo, en Lucas 18:1-2, “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.”  El respeto abarca todas las esferas de la vida, primero el respeto a Dios, a nosotros mismos y a todos nuestros semejantes.

Si creemos firmemente que somos hechos a Su imagen, lucharemos por estar nosotros y nuestro prójimo en el lugar correcto que Dios nos colocó. Debemos respeto a los seres vivos, a la naturaleza en general, a las leyes de Dios y de nuestra nación, a las normas sociales de sana convivencia y a la patria en que Dios nos hizo nacer.

En general, por naturaleza, nos admiramos y amamos demasiado. De ahí el mandamiento de “Amarás  a tu prójimo como a Ti mismo.” Queremos que los demás hagan tantas cosas por nosotros, nos defendemos tanto, creemos merecer tanto, reclamamos tanta admiración, reconocimiento, afecto, derechos, etc.

¿Qué facilita el respeto?

 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,”  Fil 2:1-9

-La humildad                                                                                  

-Ver a los demás como superiores

-No velar solo por lo mío sino también por lo de los demás

-Actitud de corazón                      

-Tomar forma de siervo              

-No aferrarse a este mundo

Todo lo mencionado en esta lista, extraído del pasaje de Filipenses, es indispensable trabajarlo en nuestro corazón y en “unidad del Espíritu” para que nuestro respeto al prójimo no sea externo y superficial sino vivo, real y de corazón.

Amadas madres y esposas, sino reconoces a tu esposo, aunque iguales por creación, pero como  la cabeza, por la posición donde Dios lo colocó, no lo podrás respetar, y eso sembrarás en tus hijos que luego no respetarán a ninguno de los dos.  Cerramos primero el corazón, luego el oído, menospreciamos, y luego viene el irrespeto.  Esto así  a  esposos, pero también a los niños y los que ocupan posiciones que consideramos “inferiores”.  Aunque en Dios todo ser humano es importante, pues fue hecho a Su imagen, no importa su posición, ni cargo, ni rango en el trabajo. Vemos la actitud de David hacia Abigail: “Recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.” 1 Samuel 25:35

La paz se va cuando se pierde el respeto. O viceversa, el respeto trae paz. El verdadero respeto es un acto de fe. Solo en  la unidad del Espíritu, en gracia, podemos ver a los demás como dones, regalos de Dios a nuestras vidas, aún a los difíciles de soportar.

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” Is 53:1-3. Vemos aquí una cadena: ni lo vieron, ni le creyeron, lo maltrataron, menospreciaron y lo mataron. Cuida como ves a tu prójimo en tu corazón. Si no ves belleza moral en tu prójimo, aún por la imagen de Dios, aunque caída, como tú; es imposible que desees cercanía con el prójimo y mucho menos respetarlo.

El respeto amerita un esfuerzo consciente en gracia, en no menospreciar, sí, de humillarnos, guardar nuestro corazón de engrandecernos. “Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.”Daniel 11:35 De ahí que de manera natural, las personas que más hemos respetado son las que más hemos admirado. Sólo por gracia podemos respetar y admirar a nuestro prójimo de corazón sincero. 

¿Cómo ayudar a tus hijos a obedecer y respetar a sus profesores, autoridades y mayores?

- Enfócalo en lo bueno, en la gracia y bondad que Dios ha puesto en sus mayores (abuelos, tíos, vecinos, ancianos, etc.).

- Enfócalos en quien los colocó ahí. ¿Por qué respetar, cuando no entiendo, cuando no me parece “Justo”? (Ro 13:1-2)

- Enfócalo en que no es por sentimiento, sino por fe y porque entendemos que Su voluntad es buena, agradable y perfecta. (Ro 12:1). El raso respeta al general, aunque el raso sea doblemente inteligente, aunque él no entienda, ni le parezca justo, según la ciega y limitada justicia humana.  Simplemente aplica orden y jerarquía militar. Sobre todo en tiempos de guerra, esto es vital. Así como son los tiempos de hoy.

A medida que nuestro egoísmo aumenta en nosotros y en nuestros hijos, nos volvemos más desconsiderados, irrespetuosos e insensibles al prójimo y al medio en general. Pregúntate: ¿Si la persona no tiene valor para mí, por qué respetarla?

Para concluir, recuerda, el respeto es por fe y en el Espíritu. Es indispensable para edificar la imagen de Cristo cada día en nosotros. Sino, nuestro estilo de vida será escaso, pobre y mediocre, no la vida abundante que Dios planificó para nosotros. Respetar aún al que no lo merezca, es un reto y tarea que tenemos cada día como cristianos. Así que, enfrentemos y aceptemos este reto.

Versículos a memorizar: Mt 7:12; Job 34:19; Lc 18:4

            Lic. Elizabeth de Michel

Departamento de Orientación y Psicología

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